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En recuerdo de Don Jesús
 
Vástago de una antigua familia de Marín, Nuevo León, heredó el tesón de su padre, pionero de empresas en el transporte. Tenía apenas 20 años cuando en los inicios de los años treinta, una rara vocación le llevó a trabajar a una radiodifusora local: la XEX, muy ajeno a que, andando los años, habría de ser suya.

El pionero en la radio y la televisión nunca tuvo temor al fracaso. Nacido en una de las etapas más convulsivas de nuestra historia supo de las vicisitudes de la vida mexicana en la época posrevolucionaria. Es indudable que ésta circunstancia y la ancestral, de su familia consagrada al trabajo, forjaron su carácter y le señalaron el camino a seguir. Y precisamente su tendencia por la comunicación, imprimió en él un profundo sentido del culto a la amistad. La tuvo con gobernantes y mangantes; pero nunca desdeño la del trabajador más humilde

A todos supo tender su mano generosa y su ayuda incondicional. Recordando las privaciones de su infancia tuvo particular empeño en favorecer a los niños menesterosos. Hombre bondadoso y altruista, desde que alcanzó el triunfo sintió la necesidad de proyectarse hacia obras de beneficio colectivo.
No fueron muchas las veces que tuve el privilegio de tratarle. No hace falta estar cerca de alguien si sus obras se proyectan y trascienden. Las veces que estreché su mano o que mire su rostro, me bastaron para darme cuenta que me hallaba ante un hombre bueno.

"Mi papá nació en Marín, Nuevo León y mi madre en la Hacienda de Guadalupe que esta adjunta a Marín. Él se vino muy joven a Monterrey a trabajar por su cuenta en el ramo de abarrotes y posteriormente fue uno de los pioneros en el transporte urbano de Monterrey y en el de carga Monterrey – Cadereyta – San Juan.

Yo estudié la primaria en el Colegio Justo Sierra, luego fui a la Escuela Práctica de Comercio que estaba en las calles de 5 de mayo y Emilio Carranza, frente al periódico “El Porvenir”. No me recibí, le soy franco aunque me saqué dos veces el primer premio en caligrafía palmer.

Después me fui a trabajar con mi padre, manejando los camiones de carga; él me dijo, "si no quieres estudiar, a trabajar”. Así se fue deslizando mi vida. Cuando yo llegaba en la tarde, ya bien trabajado y bien bañado, me iba al centro y entraba a la XEH, de Don Constantino de Tarnava, ya que era muy amigo mío y también de Don Luis, su hermano, que en paz descansen.
Ellos fueron los precursores de la radio en 1921 y ahí fue donde a mi me pico la aguja de la locución. Yo iba ahí a ver, porque Don Constantino era muy abierto, era muy amigable persona. Hacia el pronóstico del tiempo porque era un adivino, un "adivinólogo", muy simpático. La radio de Don Constantino era de Galeana, ahora los locutores no trabajan como antes, ahora todo está hecho.

Después me llamaron a trabajar como jefe de grupo de publicidad de “Cigarrera La Moderna”, para el norte de México. Por todo Coahuila me la pasé comiendo galletas con café, muchas gordas de harina, sardina, cabrito, chivo y borrego, y después me aburrí de andar de saltimbanqui porque yo traía un conjunto para alegrar a la gente en los pueblos. La vida fue la que me llamó a la radio, y hay una cosa de un argentino que decía: "el largo camino de la vida es el que te enseña a vivir".

Posteriormente me fui a Córdoba, Veracruz, como gerente de una estación de radio. Me hice cargo de la estación de Don Diodoro Zúñiga, que estaba en la Avenida Uno, y después me fui de gerente a la “Cervecería Cuauhtémoc” ahí mismo, o sea que fui locutor y cervecero; y seguía soltero todavía.
Como 4 años estuve en Córdoba. Ahí conocí mucho de béisbol, me tocaron tormentas, a los árboles de la alameda los levanto de raíz. Un 24 de diciembre nos quedamos viendo las estrellas. Nosotros nos quedamos ahí viendo un cielo estrelladísimo precioso…”

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