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‘La náusea de escribir sobre Raniere’: Roberta Garza

La periodista mexicana presentará su libro Márcame, amo. La verdadera historia de Keith Raniere y sus esclavas mexicanas, en la Feria del Libro de Guadalajara.

‘La náusea de escribir sobre Raniere’: Roberta Garza.| ESPECIAL

GUADALAJARA.- La tarde del 19 de junio de 2019, después de un juicio de seis semanas, Keith Raniere, de 58 años, fundador y líder del grupo Nxivm, catalogado como secta, escuchó impávido la decisión de un jurado en la Corte Federal de Distrito de Brooklyn, que lo encontró culpable de numerosos cargos, entre otros de robo de identidad, esclavitud por retención de documentos, explotación sexual de menores, tráfico sexual y pornografía infantil.

Entre las periodistas que siguieron el caso estuvo la mexicana Roberta Garza, quien en su libro Márcame, amo. La verdadera historia de Keith Raniere y sus esclavas mexicanas (Cal y Arena, 2019) cuenta su experiencia, recorre la biografía de Raniere y reflexiona sobre las circunstancias que lo volvieron irresistible para mucha gente, la mayoría de alto nivel socioeconómico y dispuesta a todo —incluso a la humillación, el dolor y el crimen— para complacerlo.

En entrevista telefónica desde Nueva York, pocos minutos antes de su viaje a la ciudad de Guadalajara para presentar su libro en la FIL, Roberta Garza habla de Raniere, de su secta y de lo que ha significado para ella contar esta historia.

¿Por qué el énfasis en las esclavas mexicanas en el título de libro?

Es el ángulo que le dieron en la editorial, yo lo que quería era cubrir las actividades del grupo en general, aunque es un hecho que la mayoría de esclavas sexuales eran mexicanas. Entre ellas están Daniela Padilla, Loreta Garza, Camila y Mariana Fernández y Rosa Laura Junco.

Todas ellas pertenecen a familias ricas, ¿cómo caen en las redes de Raniere?

Son mujeres que proceden de la clase media alta o alta, pero tienen muchas carencias emocionales. Han tenido educación, oportunidades de trabajo, de salir, de viajar, de ver el mundo, pero en su ámbito no dejan de ser tratadas como mujeres subsidiarias, y eso las vuelve muy vulnerables; su papel en la sociedad ha sido o es el de acompañar a un marido exitoso mientras ellas cuidan a los niños.

Lo que buscan cadenas como las de Raniere o Marcial Maciel son gente muy vacía; al principio les dan una gratificación emocional fuertísima, les dicen: “Tú puedes por ti misma, tú vales por ti misma, ¿por qué te han despreciado?, ¿por qué te han ninguneado?” Las hacen sentir que pertenecen, que no están vacías, que no están solas, y entonces todo cobra sentido para ellas. Esa es la cadena mágica que las ata, aunque después degenere en abuso y explotaciones.

Dice que una de las que llegaron al borde en la secta de Raniere fue Rosa Laura Junco.

Ella viene de una familia muy notable en México, es heredera de una de las empresas de medios más importantes del país, pero es mujer.

Los que manejan el negocio son sus hermanos, y ella ha sido puesta al margen. Cuando entró con Raniere, una de sus encomiendas fue hacer una página de internet de análisis de medios; aunque nunca llegó a nada, deseaba encontrar una alternativa mayor a la que tenía en su familia. Viniendo de una sociedad como Monterrey, en donde las mujeres son particularmente relegadas a un segundo plano, ella se metió hasta el fondo.

En la secta, supongo, encontró algo que le ofrecía un desarrollo que ella pensó que nunca podría tener en Monterrey.

Escribes que, de la mano de Edgar Boone Sabag, el periplo de Raniere en México comienza en Monterrey.

Sí, y creo que fue un poco por accidente. Edgar era muy aficionado a los cursos de superación personal y una de las personas que él frecuentaba en Estados Unidos —su coach— le recomendó Nxivm, que comenzaba a desarrollarse en Albany. Le dijo: “Vamos a una sesión, dicen que están haciendo maravillas”. Fue, se entusiasmó y lo trajo a Monterrey, porque aunque él es de Tamaulipas, por la inseguridad en su estado vivía en Monterrey con sus hermanos.

Otro mexicano destacado en esta historia es Emiliano Salinas.

Él juega un papel bastante importante. No tiene que ver directamente con el grupo de esclavas sexuales, sus labores en México eran otras, básicamente administrativas: manejar el buen funcionamiento de los cursos que se ofrecían, abrir las escuelas, centros donde se impartían las clases, todo eso es legal. El problema es que Emiliano se involucra en el mecanismo de represión y de extorsión que tenía Raniere a través de una de sus principales lugartenientes, Kristin Keeffe. Ella fue la principal encargada de espiar a los considerados enemigos del grupo, conseguir papeles en su contra, cuentas bancarias, información comprometedora, tenderles trampas, por esto Emiliano está señalado como un coconspirador, no por el grupo de las esclavas sexuales.

¿Se puede establecer un paralelismo entre los grupos de Raniere y Marcial Maciel?

Por supuesto, si te fijas los mecanismos son muy parecidos entre un grupo y otro. Siempre me ha atraído el estudio de estos personajes y sus mecanismos de adoctrinamiento. A Nxivm lo he seguido desde que entró a México, yo venía de los Legionarios de Cristo, por fortuna me libré de eso, así que conozco cómo operan y funcionan estos grupos y todos son muy parecidos.

Cuando empezaron a llegar los primeros reportes de Nxivm, en donde los afiliados decían que Raniere era “el hombre más inteligente del mundo”, que hacía “maravillas”, todo el discurso me sonó familiar.

Los mecanismos de este tipo de grupos son muy parecidos y atraen a personas como Mark Vicente (cineasta sudafricano que filmó un documental inspirado en las ideas de Raniere), que es un hombre muy bueno. Con mi libro no pretendo ir contra uno u otro de los implicados, sino de poner a la gente en guardia, para que tengan cuidado con personas como Raniere o Maciel.

¿Qué te deja haber escrito este libro, la crónica del juicio a Raniere, pero sobre todo la historia y psicología del grupo?

Me deja mucha náusea. Cubrí el juicio de El Chapo, era violentísimo, todas las cosas que se desglosaban ahí eran tremendas, pero nada me hacía salirme de la Corte, sentarme en una banquita del parque y tomar aire.

Esto te pinta el tremendo control emocional y las torturas, tanto físicas como emocionales, que provocan este tipo de gente a las mujeres, y me confirma la necesidad de pelear contra tales influencias, de decirle a todos que existen este tipo de estafadores, de torturadores, que se los van a comer vivos, aunque ellos siempre se justifiquen con mensajes de amor, paz, superación, de valores, de religiosidad, cuando realmente lo único que quieren es tener gente haciendo su voluntad.

Esto es lo que me deja este juicio, decir, esto existe y esto va a existir siempre independientemente de la denominación de la figura que asuman estos estafadores. Siempre va existir gente que quiere tener personas bajo su yugo, esclavizadas emocionalmente.

Roberta Garza (Monterrey, Nuevo León) Es psicóloga. Fue maestra de Literatura en el ITESM Monterrey y editora en jefe de Grupo MILENIO (MILENIO Monterrey y MILENIO Semanal). Fundó la revista Replicante y ha colaborado con diversos artículos en la revista Nexos y MILENIO Diario. En la actualidad es estudiante de Historia, Religión y Política en la Universidad de Columbia, en NY.

Lee aquí un fragmento del libro La verdadera historia de Raniere

“La veré muerta o en la cárcel”, le dijo Keith Raniere a la madre de Toni Natalie, su pareja de años, cuando ésta le anunció que lo dejaba. Lo que siguió fue más de una década de acoso físico y legal: telefoneándole a todas horas preguntando si sabía el paradero de su hijo de un matrimonio anterior; su casa y la de su madre fueron allanadas, desordenando sus muebles y pertenencias, robando ropa de su clóset. La declaración de bancarrota por el pago de las deudas de la empresa que había formado con él, todas a nombre de ella, se eternizaron en demanda tras demanda, y hubo un intento de atraerla a México con engaños para que, mediante una orden de aprehensión encubierta obtenida a punta de sobornos, desapareciera en las entrañas del sistema penitenciario mexicano. En buena parte, eso explica la expresión de apenas contenido júbilo cuando Natalie escuchó los siete contundentes “culpable” espetados por el jurado.

La transformación de Raniere de un estafador de alcances locales en el dueño de un harem de más de cien mujeres comienza luego del fracaso de su primer negocio, Consumers Buyline Incorporated (CBI). Éste no cumplía ni dos años cuando ya era investigado en veinte estados de la Unión, cerrando en 1993 por órdenes de Robert Abrahams, fiscal general del estado de Nueva York, acusado de ser un “multimillonario esquema piramidal”. La fiscalía fincó el caso en que la compañía estaba más interesada en reclutar gente que pagara los 270 dólares que costaba enrolarse en Purchase Power, un club de compradores con base en Texas, que en proveerles algún servicio; sobre todo porque solo catorce de esos dólares iban al club de compras, mientras que el resto permanecía en manos de CBI en forma de comisiones por reclutamiento. En un video promocional de la compañía se ve a Raniere pidiéndole a los vendedores de membresías que imaginaran un cerro de billetes, uno de diez millones de dólares: “Es grande. Es enorme. Sientan cómo el aroma del dinero hace que sus narices tiemblen como conejitos”.

El flujo desde los últimos reclutados hasta los fundadores era constante: al cierre de la empresa, Pamela Cafritz, Karen Unterreiter y Raniere habrían recibido alrededor de medio millón de dólares a cambio de aire. Raniere corrió con suerte: fue multado en 1996 con cuarenta mil dólares a nivel federal, más un par de multas estatales, sin ser declarado culpable de nada, apenas con el compromiso de nunca más participar en esquemas “promoviendo, ofreciendo o brindando participación en un esquema de distribución en cadena”. Los inculpados tardaron más de cuatro años en pagar esa multa.

Keith explicaría su derrota, como era su costumbre, culpando a otros: en este caso, acusando que la debacle de CBI se había debido a las maquinaciones de Wall Mart que, por temor a la competencia, habría pedido a las autoridades “colapsar a ese tipo”. Lo cierto es que, después de CBI, Raniere evitaría tener posesiones a su nombre, negándose a recibir un salario y omitiendo el uso de tarjetas de crédito o cuentas de banco: todo le pertenecería, oficialmente, a sus siempre incondicionales mujeres, con el consiguiente ahorro de problemas legales y fiscales; año con año Raniere ha declarado vivir por debajo de la línea de la pobreza. Es cierto que nunca fue proclive a la ostentación; estéticamente, su comunidad era un reducto de mediocridad pequeñoburguesa, donde los pants y las sudaderas de baja calidad eran la etiqueta cotidiana. Con todo, Raniere ejercía un control férreo sobre sus acólitos y sobre su empresa disponiendo sin restricción alguna de cientos de miles de dólares en efectivo ocultos en el sótano de la casa de Nancy Salzman, con línea directa a una bolsa de plástico en su biblioteca personal.

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