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Los secretos y travesuras de Mohamed en su tiempo como futbolista

El Turco cumple 50 años este jueves y una de sus anécdotas más célebres es sobre las 'trampas' que le hacía a Toros Neza y su esposa para siempre estar en el peso correcto sin recibir una sanción.

Para nadie era un secreto que Antonio Mohamed siempre tenía unos kilos de más en su etapa como jugador, mismos que pasaban a segundo plano por la calidad con la que hacía girar a los Toros Neza que llegaron hasta a una Final en 1997.

Protagonista de aquel carismático cuadro, con el pelo y las licras de colores, además de tachones blancos y siempre con una nueva locura, el Turco Mohamed se robaba las miradas y provocaba que a pocos les importara el ser un jugador 'gordito'.

Años después, el DT tres veces Campeón de la Liga MX reveló su secreto para siempre dar el peso en los exámenes que Toros Neza le pedía.

"Yo tenía un presidente muy exótico, traje blanco, camisa roja, un espectáculo, que me decía, si yo le pago todo el contrato usted va a engordar y no me va a rendir. Entonces, se va a pesar cada 15 días y si está pasado del peso le voy a quitar tanta plata", cuenta Mohamed en su libro “Una Vida Llena de Pasiones”, escrito por Leandro Sánchez.

DOS HAMBURGUESAS DIARIAS

Y es que a pesar de ser un futbolista profesional, el gusto por la comida a Antonio nadie se lo quitaba y sin que nadie se diera cuenta, se hizo cliente frecuente de un popular restaurante de hamburguesas.

"Mi mujer sabía y se enojaba cuando yo estaba arriba (de peso), entonces todos los días me preparaba sopa de verduras y estaba rica, la verdad, pero comerla diario, ya no podía”, relata. “Entonces lo que hacía, en la entrada de la calle donde yo vivía había un McDonald’s, y todos los días, después de entrenar, pasaba al McDonald’s, me comía dos hamburguesas y llegaba con mi mujer y me comía la sopa, le decía 'Qué rica, ya estoy satisfecho' y con eso ya no me metía en problemas".

Pero a quien no engañaba era a la báscula. Ante su evidente sobrepeso, Mohamed le metió mano al artefacto con el que médicos y utileros del club lo pesaban quincena a quincena.

"Yo sabía que no iba a dar. Tenía que estar en 83, 83 y medio kilos a lo mucho y el utilero sabía, yo le compraba comida, le daba ropa del club, playeras para que le moviera un tornillito y antes de que entrara el doctor le movía y listo, nunca me agarraron".

LE CAMBIARON LA BÁSCULA

Sin embargo, tiempo después le cambiaron la báscula por una electrónica, lo cual significó el fin de sus travesuras.

"Un día llego a entrenar y me dice el utilero 'Toni, viste, nos cambiaron la báscula, se la llevaron, van a traer una más nueva'. Yo cuando vi que era una electrónica dije 'esta no va más aquí' y la rompí. A los dos días que llegó la cargué y dije 'ay, perdón, se rompió'", relató en su libro, si bien también ha contado la anécdota en programas televisivos.